EL VERANO HA VUELTO A FORMENTERA

La isla vuelve a vestirse con los colores del verano. Es el momento en el que la vida tranquila de sus habitantes experimenta la revolución de la llegada de los «turistas».

Hippies y pagesses

Lejos quedan los años 60, cuando la isla fue descubierta por un turismo todavía alternativo y minoritario, pero algunas cosas no han cambiado tanto desde entonces.

Si aquellos primeros visitantes buscaban un paraíso, muchos de los visitantes que ahora llegan a Formentera también buscan su paraíso; la oportunidad de, por unos días o semanas, vivir una vida distinta, conectada con el mar, con la tierra, un retorno a la esencia.

Puede que sólo sea un sueño, pero el sueño sigue ahí.

LA ISLA ENTRE LA TRADICIÓN Y LA MODERNIDAD

Ball de pagés

El empeño de Formentera, probablemente su gran reto para este siglo XXI, sea no perder su «esencia». Conservar su personalidad conservando sus tradiciones y, al mismo tiempo, no perder de vista la modernidad, el presente, y ofrecer las ventajas del mundo de hoy a sus residentes, por supuesto, pero también a estos turistas que son el motor económico de la isla.

Este 2019 se ha presentado con algunas incertidumbres. El «brexit», por ejemplo, todavía no se sabe cómo va a repercutir en las costumbres de los ingleses a la hora de elegir sus destinos vacacionales, amén de la oferta abundante y, en algún caso, más económica de otros destinos mediterráneos. Pero Formentera sigue siendo el destino favorito de visitantes nuevos y, sobretodo, de quienes son fieles, año tras año, a su cita con la isla.

FORMENTERA, SOBRETODO, EL AMOR AL MAR

Más allá de hábitos o tendencias, más allá de los avatares económicos, Formentera representa, sobretodo, el amor al mar.

La isla tiene su razón de ser en ese Mediterráneo al que se asoman sus playas y calas, que iluminan sus faros, con sus aguas únicas gracias a la Posidonia, esa pradera subacuática que, con creciente celo, se quiere y debe proteger. Porque la masificación tiene sus peligros: demasiada gente, demasiados barcos…, a menos que unos y otros sepan actuar con el respeto que la Naturaleza merece.

El amor a un lugar significa respetarlo, cuidarlo, disfrutarlo desde el placer de descubrir sus tesoros

Así, pues, ¡¡¡bienvenido verano!!!!, ¡¡¡bienvenidos a Formentera!!!!.