«como un animal más, el hombre se asomaba, /

purificado, mudo, /

al principio y al final de los tiempos, /

al Abismo»

Antonio Colinas

LA ENSOÑACIÓN DE UNA ISLA…

Una imagen comúnmente extendida y asociada a las islas, es la de una vida calmada, pacífica…, una vida en la que el tiempo parece no importar y el paisaje lo envuelve todo de la atmósfera propia de una ensoñación. Si, por añadidura, pensamos en Formentera, renombrada constantemente como «el paraíso», se intensifica, quizás, este imaginario.

En rigor, hay algo de cierto en todo ello. Una isla es un territorio más o menos breve con esa frontera ineludible que es el mar. Desde una perspectiva continental, bien pudiera parecer que una isla es un lugar sin… salida. Y es verdad que, con un tono más distendido, la particularidad geográfica de estar o vivir en una isla «obliga» a ser autosuficientes; puesto que el resto del mundo queda, siempre, al otro lado del agua, todo lo necesario debe, de un modo u otro, estar «aquí» -cosa distinta es que el día discurra más o menos deprisa, desde la relatividad en el modo de entender y usar los relojes y su tic-tac-.

La ensoñación de una isla es cierta, pero, al mismo tiempo, es una recreación producto de la necesidad de «soñar» con un mundo mejor para quienes viven en otros lugares…

FORMENTERA ENTRE OTOÑO E INVIERNO

Aunque no estemos oficialmente en invierno -¡no lo estaremos hasta el 22 de diciembre!-, algo hay en el ambiente que nos hace sentir «invernales»;  el otoño ha ido diluyéndose entre tormentas y el frío ha transformado la luz de la isla.

Ya forman parte del pasado -lejano, muy lejano-, las voces del verano, con turistas y visitantes persiguiendo las playas y las noches de Formentera. Pero si ya en octubre advertimos que no por eso la isla «desaparecía» y que, por el contrario, era el momento en el que recuperaba la calma y la parte de identidad perdida bajo el paso y peso de los foráneos, en noviembre la personalidad de la isla se sigue deslizando en una agenda de actividades que concentran la vida local.

Con 7.000 habitantes, en esta época del año, las actividades que ofrece Formentera se ocupan en ellos y con ellos, lo que proporciona al visitante de estos días la oportunidad, siempre fabulosa, de «integrarse» en la vida local. Probablemente, este sea uno de los grandes atractivos de visitar la isla en esta época del año: la experiencia de conectar con los formenterinos -que, en algún momento, podremos hablar de ellos; de quienes son-.

Cine, deporte, gastronomía, exposiciones pictóricas, talleres para niños…, mercado de segunda mano. La oferta es múltiple y, así, cada cual encuentra el escenario en el que sentirse confortable.

Mercado de segunda mano. Una práctica directamente asociada al «efecto medioambiental».

¿QUIERES «VIVIR»  FORMENTERA?